Los electores decidirán la suerte de Calderón

Todo indica que el presidente Felipe Calderón únicamente puede optar por el menos malo de los escenarios que tiene frente a sí; pero aunque los tres son desfavorables, el resultado de esta elección intermedia sí puede marcar rumbos sustancialmente diferentes para la segunda mitad del sexenio: permitirle seguir adelante con un margen de maniobra muy similar al que tuvo Fox en la primera mitad de su sexenio u obligarlo a cogobernar con el PRI.

Como resultado de las preferencias electorales que expresen los votantes en las urnas, los tres escenarios posibles, del menos desfavorable al más, son: a) ningún partido ni coalición (la única que puede hacerlo es la del PRI-PVEM) obtiene la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y el PAN obtiene, al menos, 167 diputados; b) ningún partido ni coalición obtiene la mayoría absoluta, pero el PAN obtiene menos de 167 diputados; y c) la coalición PRI-PVEM obtiene la mayoría absoluta y el PAN se queda con menos de 167 diputados.

Actualmente la cámara está conformada por 206 diputados blanquiazules; 123, perredistas; 104 priistas; 19 verdes; 18 de Convergencia; 17 petistas; 9 de Nueva Alianza y 4 socialdemócratas. De acuerdo a las proyecciones construidas por Consulta Mitofsky, a partir de los resultados de su más reciente encuesta de preferencia electoral, en la siguiente legislatura el PRI tendrá entre 210 y 234 diputados, es decir, se ubicará ligeramente por arriba del nivel actual del PAN y en el rango que tuvo en 2000 y 2003; el PAN, entre 147 y 177, en el nivel de 2003, cuando tuvo 151; el PRD, entre 78 y 92, ligeramente debajo del nivel de 2003, cuando tuvo 97; el PVEM, entre 8 y 16, también ligeramente por debajo de 2003; el PT, entre 8 y 13, ligeramente arriba de 2003, por el efecto López Obrador; Convergencia y Nueva Alianza, entre 0 y 6; y el PSD, ya está fuera.

Así dentro del escenario “a”, la clave para que el PAN mantenga un nivel de negociación muy similar al actual es que el PRI se ubique lo más cerca posible de los 210 diputados, pues eso lo obligaría necesariamente a tener que negociar con uno de los otros dos partidos grandes; conforme se acerque a su máximo se acrecienta la posibilidad de que pueda hacer mayoría con el Verde y el Panal, con la consiguiente pérdida para el PAN.

Pero a pesar de ello, si el PAN conserva más de los 167 diputados el presidente conserva el poder de veto del presupuesto, pues podrá hacer las observaciones con la seguridad de que los diputados blanquiazules impedirán que las dos terceras partes lo ratifiquen.

En este caso, el PAN, se encontraría en una situación muy similar a la del primer trienio del anterior sexenio, es decir, dentro de los rangos aceptables: no lleva la voz cantante porque no será la primera fuerza, pero conserva un alto nivel de negociación.

Dentro del escenario “b”, por paradójico que parezca, al presidente y al PAN les conviene que Convergencia mantenga su registro, es decir, que obtenga al menos el 2% de los votos válidos y, desde luego, que ellos obtengan al menos 160 diputados. De esta forma, el presidente pierde su poder de veto del presupuesto (dado que en el Senado tienen más de la tercera parte de los legisladores, para el resto de las leyes no es importante esta consideración, pues la Ley de Egresos es la única que promulga exclusivamente la Cámara Baja) pues su bancada no podría evitar la ratificación del mismo por las dos terceras partes; pero el PRI requeriría necesariamente del apoyo de todo el resto de los partidos para lograr la mayoría calificada y de alguno de los partidos integrantes del Frente Amplio Progresista para hacer mayoría simple y aprobar leyes y reformas.

Sin embargo, dentro de este mismo escenario pueden darse las combinaciones que permitan que PRI, PVEM y Panal hagan mayoría, lo cual debilitaría mucho el poder de negociación del Gobierno, pues necesariamente tendría que optar por entregarse a los brazos de los tricolores o de Elba Esther Gordillo, que así puede ser una de las beneficiarias de la nueva composición.

Y, finalmente, en el escenario “c”, el presidente tendría necesariamente que negociar en condiciones de debilidad con el PRI, pues lo necesitaría irremediablemente para aprobar las reformas legales. En este caso el PRI y el PVEM se encuentran en su nivel máximo y suman 250 diputados o inclusive suman alguno más y ellos solos hacen mayoría simple. Y, obviamente, el presidente no tendría poder de veto del presupuesto. Calderón tendría dos opciones: cogobernar con el PRI o, en los hechos, concluir anticipadamente su sexenio.

Este escenario también colocaría al PRI en una posición privilegiada para dirigir el presupuesto en beneficio de sus gobernadores y, obviamente, los más favorecidos serán aquellos que cuenten con bancadas más grandes: Estado de México y Veracruz, entre otros. Así desde la cámara se perfilaría la próxima contienda presidencial.

Como es evidente (más allá de lo que suceda en las elecciones estatales, particularmente en las 6 entidades donde se elegirá gobernador) el resultado de la elección de este domingo es crucial para el futuro del país. Y esa decisión está en manos de la ciudadanía, ese es precisamente el poder del voto y su influencia decisiva en el rumbo de la nación y las políticas públicas.

El Siglo de Torreón

Una respuesta to “Los electores decidirán la suerte de Calderón”

  1. José Says:

    No fueron los electores que decidieron la suerte de Calderón fueron los narcos que le inyectaron recursos a las campañas de sus candidatos para obtener sus triunfos y bueno así es este país .

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